Los cojines en la Historia

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Si nos queremos remontar al origen de estos elementos de decoración debemos de ahondar un poco en el origen de la palabra. Así podremos intuir de dónde procede toda esta historia. La palabra cojín proviene del latín vulgar coxinum. Ésta palabra a su vez deriva de coxa, que servía para hacer referencia a la cadera. De ahí se deduce la utilización de los cojines como apoyo a la hora de sentarse.

El cojín, según su definición en la Real Academia de la lengua Española es un ‘almohadón que sirve para sentarse, arrodillarse o apoyar en el cómodamente alguna parte del cuerpo’. Y obviamente, un almohadón es una almohada grande. La palabra almohada proviene del árabe hispánico almuẖádda. Y este término deriva de la palabra khadd que significa mejilla. En última instancia, por lo tanto, hablamos de un elemento para apoyar la mejilla.

Si viajamos atrás en la historia, tanto la almohada como el cojín se unen siendo una misma cosa. A lo largo de los años han ido variando su composición, su utilidad, sus formas… Pero su origen es común y tiene lugar en la antigua Mesopotamia (hoy Iraq) hace casi 10.000 años.

Aunque no te lo creas, los cojines o almohadas de entonces (por llamarlos de alguna manera), estaban hechos de piedra, ¿qué cómodo, verdad? La función era un poco distinta de la actual. Se trataba simplemente de evitar que los bichos del suelo no llegasen a la boca y a la nariz del que estaba tumbado. Como podrás imaginar, la ergonomía y el descanso no parece que fuese el principal objetivo del diseño. Parecían más bien unos instrumentos de tortura.

Incluso en la Biblia hay una referencia a una almohada de piedra. En concreto, en el Génesis se habla de cómo Jacob durmió sobre una piedra y cómo esta se fue guardada como una piedra sagrada.

Almohada de piedra

Los cojines en Egipto

Más adelante, los egipcios refinaron un poco la forma de construir estos apoyos para la cabeza. Pasaron de la piedra a la madera, pero no para todo el mundo. Este privilegio solo se reservaba para las altas clases sociales, ya que el resto del pueblo seguían utilizando materiales más duros. 

De hecho, en algunas tumbas de faraones se han encontrado este tipo de artilugios. Su uso también tiene mucho que ver con las creencias de la época. Los egipcios daban mucha importancia a la cabeza y la relacionaban con supersticiones tanto en vida como después de la muerte. Un cojín o una almohada (los inventos que ellos usaban como tal) era un elemento protector para la cabeza a nivel ‘místico’.

A lo largo de los años fueron evolucionando los materiales de fabricación y fue en Egipto donde se hicieron los primeros cojines más parecidos a lo que hoy conocemos. Hechos de materiales suaves y esponjosos, su elaboración era considerada como un arte y estaba reservado a las clases altas. 

Se popularizó su uso como asiento especialmente en las grandes fiestas. Siglos después este uso como asiento sigue vivo. En muchos países del norte de África y de Oriente Medio se siguen usando cojines a modo de asientos. En muchos sitios se sigue usando como asiento en el suelo para fumar la tradicional shisha (pipa de agua). Además, en el mundo árabe, hace muchos años que los cojines no se usan sólo como asientos, sino también como elementos de decoración.

Los cojines en el Budismo

También se asocia el uso de los cojines al Budismo. Todos hemos visto alguna vez una imagen de un budista sentado con las piernas cruzadas sobre un cojín. Se dice que el primer cojín de la historia lo utilizó el Buda Gautama hace 2.500 años. Este tipo de cojines se denomina Zafu (‘Za’ significa asiento y ‘fu’ espadaña). Es decir, sería un cojín para sentarse relleno de esa planta acuática.

Todavía hoy se utilizan ese tipo de cojines en la meditación del Budismo y otras religiones. En concreto, los practicantes de la filosofía Zen (rama del Budismo) o del Yoga también usan unos cojines llamados Zafuton que son una variante del Zafu.

Los cojines en China

En China también se han usado almohadas y cojines desde tiempos inmemoriales. En un principio este tipo de apoyos para la cabeza estaban hechos de materiales duros por una razón de superstición. Creían que, si se apoyaba la cabeza en materiales blandos, estos no podrían espantar a los demonios, fantasmas y espíritus. 

Así, utilizaban piedra, madera, metal u otro tipo de materiales duros para su fabricación. En el caso de las personas más adineradas se hacían auténticas obras de arte con madera tallada y después pintada.

Incluso en muchos casos se hacían almohadas a partir de piezas de cerámica. Todo un arte. Si tienes la suerte de hacer un viaje por la China más profunda es posible que en alguna aldea te encuentres con estás fantásticas obras de artesanos. En algún caso se siguieron fabricando hasta el siglo XV, conviviendo ya con otros materiales más blandos parecidos a los que usamos hoy.

Almohada china antigua

Los cojines en Japón

En Japón también seguían la costumbre asiática de utilizar materiales duros para apoyar sus cabezas. Como curiosidad, las geishas descansaban sus cabezas sobre unos pequeños alzadores de madera (llamados Takamura). Estos estaban especialmente diseñados para que los elaborados peinados de éstas mujeres no se deshiciesen durante su descanso. Al final, los japoneses decidieron evolucionar hacia otros materiales más agradables al tacto, como por ejemplo cojines rellenos de cáscaras de cereales.

Los cojines en la antigua Grecia y Roma

Los griegos y romanos no iban a ser menos que las demás civilizaciones y también comenzaron a usar cojines y almohadas. En este caso sí que utilizaban materiales más blandos como paja o plumas. Además, empezaron a dar importancia al aspecto estético, elaborando bonitos bordados y dibujos.

Seguro que te vienen a la cabeza un montón de imágenes de distintas películas, especialmente del imperio romano. Esos banquetes repletos de comida, fruta fresca, vino,.. y… ¡SI! todos los romanos tumbados sobre preciosos cojines bordados.

Escena banquete romano

Los cojines en Europa

Los cojines más parecidos a los de hoy en día se extendieron por toda Europa en la Edad Media. Se utilizaban muy a menudo como elemento para completar los muebles. Existen muchas referencias a estos almohadones o cojines en muchos palacios a lo largo y ancho de toda Europa. Seguro que has visitado algún palacio en el que has visto varios de ellos. Incluso se mencionan en obras literarias o aparecen en cuadros de pintores famosos de la época.

Al principio, como su nombre indica (almohadón), eran almohadas grandes acompañando el gran tamaño de los muebles. Con el tiempo, el mobiliario fue reduciendo su tamaño y el almohadón fue reduciendo el suyo para acercarse a lo que hoy conocemos como cojines. Al tener unas dimensiones más pequeñas fue perdiendo su uso habitual como apoyo para sentarse y fueron apareciendo poco a poco usos como la decoración.

También se utilizaban como ayuda para curar a personas enfermas. Se usaban como mejora de las enfermedades respiratorias. Al descansar las cabezas sobre los cojines, los enfermos podían respirar mejor y mejorar su estado de salud en un periodo de tiempo más corto. 

Huelga decir que su uso estaba reservado para los nobles, los ricos y los miembros de la iglesia. En el lado opuesto, la plebe solo podía permitirse recostar su cabeza sobre paja o materiales más cotidianos, como las cáscaras de diversos cereales.

Enrique VIII ordenó la prohibición total del uso de cojines

En los primeros compases de la Edad Media su uso estaba tan asociado a personas enfermas que, en algunos círculos, utilizar un cojín se asociaba a ser débil. Tal vez por este tipo de creencias Enrique VIII ordenó la prohibición total del uso de cojines con la excepción de las embarazadas. 

Especialmente importante fue el uso de los cojines en países como España o Francia durante los siglos XVIII y XIX. Se utilizaban como asientos ‘especiales’ en toda clase de ceremonias y eventos de las instituciones más altas del estado. Desde bodas reales, pasando por coronaciones, hasta en reuniones de la alta sociedad. Su utilización estaba muchas veces asociada a la iglesia y en algún caso llegó a regularse con leyes de la época.

Durante la revolución industrial, el uso de los cojines pasó de estar limitado a las clases altas a extenderse entre clases más populares. Esto es debido a que se comenzaron a fabricar en grandes cantidades, cosa que hasta entonces no fue posible. Hasta ese momento había habido problemas de manufactura relativos a las telas, las tintas y los hilos con los que se hacían las fundas.

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